No basta el cielo abierto,
ni espìritus curiosos.
Ni el fantasma de la noche,
que anuncie en su reloj
el lìmite con la aurora.
Nocturno tentàculo que
resplandeces, que anudas y
desanudas la llanura de mi tierra.
Borde nocturno de mis noches,
acude a mi trigo, a mi revelaciòn.
Reflujo de amor, hasta la saciedad
de concebirte en mi tierra,
mis espacios verdes, frescos,
verdes y tiernos.
Màscara que cubre capullos
de sexo, vistiendo de emociòn
mi piel desnuda, hasta pasar
otra noche de las interrogaciones! .
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