SIMPOSIO
Desperté, el sol brillaba en ese día primaveral, todo parecía como de costumbre. Podría haber sido un día más, pero no lo fue, algo había cambiado en el escenario de mis días. Miré en derredor de mis recuerdos, desconocí todo lo sucedido hasta ese instante. Hasta pensé que nada correspondía a mi vida.Miré todo lo vivido como si para mí fuese extraño, casi convencida que así era, me levanté rápidamente, al menos tenía idea que me retrasaba.
Volví a la realidad, me esperaba una jornada agotadora. La carrera de científica me había señalado un camino con un sin fin de exigencias en las que ponía toda mi capacidad.
Luego de mi ducha matinal busqué en mi vestuario aquél vestido que mamá me había obsequiado y que ella tanto quiso como yo. Ese sería para la ocasión. Elegí cada detalle de mi vestimenta. Debía sobresalir. Necesitaba estar atractiva y sobre todo captar su atención.
Había llegado el momento tan ansiado. Él no sabía que yo estaría allí. Será un impacto mayor.
Era para mí la oportunidad que siempre había esperado. Pensé muchas veces que podía suceder. Teníamos la misma profesión (muchas veces había llegado a mis oídos sobre sus trabajos de investigación)
No deseaba su desencanto de su parte. Quería ser su mayor atracción.
Recordé los momentos en que nos despedimos pensando ambos que quizá no nos volveríamos a ver. El destino a veces puede más que la decisión nuestra. Aél nos enfrentamos cada día
Uno no elige, o no nos lo permiten, los imponderables de nuestro destino.
Recordé su aspecto, me conmoví. Aún mantenía su imagen en mi memoria.
Su profesión y su persona que lo caracterizaban tanto. Volvieron a mi mente horas y días compartidos. Días en que nos habíamos consustanciado tanto, casi no podía creer, no entendía qué había sucedido, por qué nos debimos separar. Ya en camino apuré mi marcha. No quería llegar retrasada. Todo en ese día me parecía una irrealidad. Pensé que él no sabía de mi presencia.
El Simposio lo organizaba la Universidad en la que yo trabajaba como investigadora, al mismo asistirían investigadores de distintos centros de investigación mundial.
Él era uno de ellos, yo, reemplazaba a una colega accidentada, por lo que no figuraba mi filiación entre los disertantes. Creía que por eso, se asombraría de mi presencia. Era la oportunidad que tanto había esperado.
Mucha gente congregada esperaba en la explanada de la Universidad. Entre los representantes de los diversos países que esperaban ingresar al aula magna ubiqué a mis colegas a los que me uní.
Cuando ingresábamos pensaba e imaginaba el encuentro. Cómo me abrazaría a él y le besaría.
Pero también me atormentaba la idea qué pasaría si él no me aceptaba del mismo modo. No quería imaginarlo. Mejor no pensarlo; o quizás ... sí?
Ya ubicados, en el aula magna los concurrentes esperábamos el comienzo del Simposio. me ubiqué. ¡Todo era casi un sueño!.
De inmediato comenzó el primer disertante.
Cuando llegó su turn,o mi vista, al verlo se nubló de emoción.
Allí estaba él, un sinfín de recuerdos me invadieron. Cuántos en un instante. Imágenes y más imágenes que no sabía estaban en mi ser.
Hasta casi no supe qué hacer. Inmediatamente me dominé; pensé cómo lo ubiese hacho él. Todo se desarrolló rápidamente. Ví su aplomo que tanto lo caracterizaba. Su voz, eso sí me impactó. Parecía que no lo resistiría. Sin embargo, lo más reposada posible me dispuse a escucharlo.
En el transcurso no dejaba de pensar , la sorpresa que le daría verme.
Toda su disertación se desarrolló específicamente sobre sus últimos trabahjos de investigación. Se explayó un poco más.
Luego de otros disertantes llegó mi turno. En ese momento traté de ser lo más clara, precisa y concreta. Esta sería para mí la más hermosa de mi vida. Porque allí me jugaba ante él como mujer proyectada, inteligente, bella. Sabía bien lo que a él le hacía feliz.
Era ésta una oportunidad que la vida me otorgaba, sin siquiera habérmelo propuesto.
Aunque siempre, una esperanza en nuestro ser guardamos, anhelamos.
Dominé mi emoción. Traté de concentrarme en todo cuanto expuse.
Al terminar, de pronto, mis manos sintieron esas manos cálidas, tan reconocidas por mí.
Su beso, sumado a su abrazo, que me sostenía y juntos en uno solo. Repitiéndome que no podía ser, que no era cierto. Que no creía estar vivo para verme, besarme y abrazarme.
¡Todo para ambos, parecía un sueño!
Fue en ese instante, donde comprendí, que por miedo a perderme, mi madre, justificó falsamente la separación y alejamiento de mi padre.
Ella no vive, para presenciarnos y darse cuenta del alto precio pagado equivocadamente por los tres.
Hoy, en este reencuentro con mi padre; nos une a ella su vestido! .
LIDIA CRISTINA CARRIZO
www.creadoresargentinos.com
Obra : "SIGNOS Y EVIDENCIAS" Páginas: 25, 26, 27
// 12 //2005 Circulo Literario PeAZeta
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